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El tratamiento del vagabundeo en Europa 

Doña Paula Cecilia Rosa


Alumna de doctorado

Universidad Nacional General Sarmiento (República Argentina)

Introducción

Desde fines de la Edad Media , los poderes en Europa occidental, hicieron de la represión del vagabundeo y la mendicidad el núcleo de sus políticas sociales. Eran perseguidos a través de diferentes métodos: fueron ahorcados, expulsados, encerrados, etc. Estas medidas fueron implementadas por largos siglos pero sin mucho éxito. El problema quedaba irresuelto dado que lo que alimentaba el vagabundeo y la mendicidad era la miseria de masas y el bloqueo de la entrada al mundo del trabajo para los no inválidos. La respuesta a este problema fue el libre acceso al trabajo (Castel, 2004:73). Como vemos, existió una gran vinculación entre la historia del vagabundeo en Europa y la organización del mundo de trabajo. Del mismo modo, su presencia fue significativa para la elaboración de las primeras políticas de asistencia en el continente.

A continuación, se presentarán brevemente estas cuestiones para permitirnos conocer esta problemática muy significativa en cuanto a todo lo que se hizo para erradicarla pero a la vez para reproducirla. Muchas de los modos actuales en relación a cómo es entendida, tratada y asistida esta población, en Occidente, tuvieron sus orígenes en estos procesos.

Según Castel (2006) ya había vagabundos y aislados desde el año 1000 pero se encontraban fuera de la comunidad y de las zonas más habitadas por la población de ese entonces. Existían personas que tenían una movilidad provisional o definitiva -religiosos, estudiantes- estos representaban la figura del extranjero pero el vagabundo tenía la particularidad de pertenecer a los pobres y no vivir de su propio trabajo. En las sociedades preindustriales existía, según Castel (2004), una inseguridad interna que estaba introducida por los individuos y los grupos que estaban fuera de los sistemas de dependencias y de protecciones comunitarias. En las sociedades premodernas dominaban los lazos entretejidos alrededor de la familia y los grupos de proximidad que protegían a los individuos por su pertenencia a una comunidad, estas protecciones eran denominadas como de proximidad. Y en las ciudades la pertenencia a oficios hacia que los individuos estuvieran inscriptos en sistemas fuertes de protecciones. En sociedades con estas características el peligro se enraizaba en la figura del vagabundo "es decir, el individuo desafiliado por excelencia: estaba fuera de la inscripción territorial y del mundo del trabajo. La cuestión del vagabundeo fue la gran preocupación social de aquellas comunidades, movilizó a una cantidad extraordinaria de medidas de carácter dominante represivo para intentar erradicar - por otra parte, en vano- esa amenaza de subversión interna y de inseguridad cotidiana que supuestamente representaba los vagabundos" (2004:18). El vagabundo era percibido como amenaza en estas sociedades y como peligroso al ser asociado con los bandidos, individuos "sin amarras" y con disociación social porque actuaban y existían por fuera de todo sistema de regulaciones colectivas.

Cuando las sociedades se fueron complejizando y se alejaron de la sociabilidad primaria, enraizada en la familia y la comunidad, la asistencia a los carecientes fue objeto de prácticas especializadas. Estas eran estructuras asistenciales diferenciadas, es decir, que no todos estaban en calidad de ser asistidos. Dentro de las poblaciones sin recursos algunos eran rechazados y otros aceptados para ser ayudados. Principalmente, esta distinción estaba dada a partir de dos criterios: uno era la pertenencia comunitaria, esto es, tenían prioridad los miembros de la comunidad "caídos en desgracia" y se rechaza a los extraños; y, el otro criterio, se vincula con la capacidad para el trabajo, es decir, que quién estaba inhabilitado para trabajar era asistido, este es el caso de los ancianos y los niños. De este modo, se intentó suplir las ausencias de lo que fue la sociabilidad primaria y sus protecciones comunitarias. Un rasgo central en este tipo de asistencia era el domicilio de la persona. Este debía ser de alguna aldea o comuna cercana y la persona debía identificarse, o mejor dicho, ser identificada como miembro de la comunidad para poder ser asistido. Se lo atendía pues existía el peligro de que la persona se aísle o caiga en la miseria absoluta. Esta clasificación entre las poblaciones puede tener sus analogías con los modos de estructurarse el campo de asistencia social actual. Veremos cómo durante varios siglos persistirá esta clasificación incorporándose nuevas.

La caridad cristiana

Para Castel (2006) las prácticas en relación a la pobreza estaban fuertemente vinculadas al cristianismo. La actitud cristiana fundó una clasificación discriminante de las formas de pobreza y de quiénes merecían ser ayudados. Aparece la figura del "mal pobre", este era quien no aceptaba la situación que atravesaba como una "decisión" divina. Por su parte, el "buen pobre" era el digno merecedor de la caridad, este a través de las marcas en su cuerpo podía mostrar su sufrimiento, enfermedad, discapacidad mental o física y su incapacidad para el trabajo. Era muy común la exhibición de estas marcas en el cuerpo como legitimadoras de la situación que se atravesaba y de la necesidad de asistencia. Otro de los rasgos que debían mostrar para recibir asistencia se