Página 35 - Historia Digital

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Historia Digital
, XIX, 33, (2019). ISSN 1695-6214 © Lorenzo Silva Ortiz, 2019
P á g i n a
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Aunque la costumbre de someter a saqueo y pillaje a las poblaciones
civiles no estaba exenta de crítica en el siglo XVII –el mismo Callot es
ejemplo de ello-, se mantuvo como práctica común durante la Guerra de los
Treinta Años, estando casi sistémicamente permitido en la práctica. Sin
embargo, y pese a no estar castigada estas conductas como hechos
delictivos en los códigos militares de la época, en multitud de ocasiones se
trató de regular el comportamiento de los soldados frente a la población civil.
Una lista de solicitudes sueca de 1637 aportada por Hornstein (2005; 40)
proporciona un ejemplo particularmente ilustrativo de la tenue línea existente
entre la solicitud de suministros requeridos a los civiles y la toma forzosa de
estos a través del saqueo:
“Los pueblos, que deben proveer todo lo necesario para el mantenimiento de mis
jinetes […], deben proporcionar escrupulosamente lo siguiente, todos los días: cinco barriles
de cerveza, doscientas libras de pan, sesenta fanegas de avena, doscientas libras de ternera,
cuatro vagones de carga de buen heno, una variedad de especias para mí y mis oficiales
según sea necesario, una cuarto de mantequilla, medio fanega de sal, treinta velas […]. Tal
deberá ser entregado diariamente y sin disminución, y si un pueblo falla para suplir lo que se
requiere, los jinetes lo buscarán ellos mismos, lo cual no gustará a los aldeanos en absoluto”.
Esta misma autora también nos proporciona otra visión bien diferente
de una orden de requisición datada en 1636 a través de la cual se intentaba
por los jefes militares controlar mediante la amenaza a soldados y oficiales;
en ella, tras describir detalladamente la lista de productos a ser suministrados
por aldeanos, se declaraba de manera explícita que: "[…] bajo pena de
muerte, ningún oficial o soldado exigirá cualquier cosa que no haya sido
declarada aquí” (Hornstein, 2005; 40).