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Historia Digital
, XIX, 33, (2019). ISSN 1695-6214 © Jaime Resino, 2019
P á g i n a
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"Iao, Sabaot, Adonais, Ablanathanalba akramacha... guárdame de toda
ofensa, de todo sueño aterrador y de todos los espíritus del aire, por el
grande, glorioso nombre de Abraham.
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La magia de protección se aplicaba en ocasiones de manera secundaria
cuando era necesario liberarse de los efectos funestos de una maldición. Así,
se encuentran ejemplos de fórmulas de exorcismos. Los métodos son
variados pero incluyen por norma general la presencia del afectado y la
confección de un nuevo amuleto, aunque luego las invocaciones se podían
hacer tanto al poseído como al espíritu o a una tercera divinidad intercesora
de la víctima. También había magia liberadora de aquellos que se sentían
víctimas de algún maleficio, aunque no eran atacados por ningún daimon.
Había dos maneras de "limpiarse" del maleficio, o con un amuleto especial
fabricado para la ocasión, casi siempre de plomo, donde se grababan
fórmulas mágicas, o bien, mediante danzas o paseos mágicos (caminar un
número determinado de pasos de espaldas por ejemplo) en espacios abiertos
o encrucijadas. Algunas fórmulas apotropaicas ofrecían protección contra
peligros más concretos, como ladrones, alimañas, etc.
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La magia sanadora es, después de los sortilegios protectores, el
ejemplo más común de la magia benéfica. Sus fórmulas tienen más que otras
una variedad de formatos y prácticas en acorde con la multitud de dolencias
posibles. La magia sanadora no era de carácter general, sino que había una
práctica concreta para cada dolor: de pies, de cabeza, de articulaciones, tos,
hemorragias, quemaduras, etc. También servía para aliviar la impotencia,
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P.M.G. VII, 311-317
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P.M.G. VII, 370-374