Página 29 - Historia Digital

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Historia Digital
, XIX, 33, (2019). ISSN 1695-6214 © Jaime Resino, 2019
P á g i n a
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componentes, pero tiene rasgos propios que son la referencia al poder
destructor de la fuerza invocada y los comentarios sobre el destino funesto de
la víctima. Son fórmulas como: "Tu que traes la ruina y la aridez, tu que odias
una casa bien construida, destruye a tal".
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Otro gran grupo son los maleficios de los que se sirven para atormentar
al contrario. No buscan la destrucción completa del contrario o una situación
de desgracia permanente, si no que, más bien desean una incomodidad ,
algún hecho que le perturbe y no le permita comportarse de la manera
acostumbrada, con lo que el posible contrincante esté mermado de facultades
y no pueda ser ya una amenaza o una competencia real. Maleficios que
quieren provocar sueños terribles, pesadillas e insomnio al contrario, dolores
articulares o indigestiones. Igualmente se le envían enfermedades más
graves e incluso la locura.
El último grupo es el de maleficios destinados al sometimiento de una
persona. Son modelos de maleficios que quieren encadenar la voluntad del
prójimo y que así éste realice los deseos del actuante. Estos maleficios
pueden ser considerados similares a los conjuros mágicos de atracción de
espíritus y están emparentados con los amorosos y de poder, vistos
anteriormente, en cuanto a su complejidad de formulación y práctica. Se usa
casi siempre en este tipo de conjuros el plomo como ejemplo universal de
metal maléfico y se lleva a cabo, por lo general, en ambientes fúnebres, cerca
de un cementerio o en presencia de un muerto reciente.
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P.M.G. XII, 458-463