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Historia Digital
, XIX, 33, (2019). ISSN 1695-6214 © Jaime Resino, 2019
P á g i n a
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En principio, al mago se le tiene como
un técnico, una persona que en su
naturaleza no hay nada divino pero que
posee un arte, unos conocimientos
especiales a los que ha llegado por el
estudio, que le permiten realizar hazañas
que son propias de los dioses. Es esa
capacidad de sobrepasar su naturaleza
humana por el uso de una ciencia especial
lo que asombra la resto de personas que
acuden a él. Nada habría de extraño que un dios realizara prodigios, pero lo
asombroso del mago está en asemejarse a ellos desde su condición de
mortal. Luego, el mago se nos presenta de múltiples formas. Puede ser
hombre o mujer, aunque generalmente son figuras femeninas las que
aparecen asociadas a las prácticas más oscuras de la magia, la
goeteia
,
joven o de edad e incluso de clases sociales diferentes. Algo que si suelen
tener en común, pero no es una norma fija, es un origen en regiones
asumidas tradicionalmente como lugares donde la magia es más poderosa:
Tesalia, Egipto, Siria, etc.
Respecto a la manera de llevar a la práctica sus conocimientos, los
magos recurrían a fórmulas, recetas, mezclas y artilugios específicos con los
que acompañaban sus rituales, oraciones y salmodias. Una buena manera de
hacerse idea de lo que debía ser el lugar de trabajo de un mago de la
antigüedad está en la descripción que Apuleyo hace en "la Metamorfosis" de
la oficina de la maga Pánfila:
"... lo primero que hizo una vez allí, fue preparar su aciago laboratorio
con el instrumental acostumbrado: aromas de toda clase, láminas grabadas