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Historia Digital
, XIX, 33, (2019). ISSN 1695-6214 © Jaime Resino, 2019
P á g i n a
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magia nacería en los márgenes de la religión, cuando esta queda por encima
de las inquietudes íntimas de la persona y no puede darle respuestas
satisfactorias.
Sin entrar en estas disquisiciones, en el mundo grecolatino se
comprueba que la magia tiene más auge cuanto más evolucionan creencias
religiosas e ideas filosóficas, siendo verdaderamente importante en fechas
tardías. En el mundo antiguo la decadencia de la religión tradicional condujo a
la búsqueda de nuevas creencias que respondieran a los anhelos espirituales
surgidos de la fragilidad humana. El miedo al
Fatum
, al destino personal, y el
ansia de seguridad individual frente a las dudas constantes del ser humano
(muerte, existencia...) no eran satisfechos por los cultos olímpicos, lo que
llevó a un ambiente propicio para la aceptación de nuevos credos, en
concreto cultos orientales (cultos de Isis y Serapis, Démeter, Mitra, el
cristianismo, etc.) que satisfacían mejor la conciencia, los sentimientos y los
deseos de trascendencia de las personas. Esta situación también resultó
beneficiosa para una extensión generalizada de la fe en la astrología y la
magia.
La magia se convierte, por tanto, en otra respuesta a estas inquietudes,
no sólo de la clase baja, sino del conjunto de la sociedad. Mientras que la
religión oficial, de los panteones de grandes dioses, servían a las
aspiraciones religiosas de la comunidad civil, justificaba la estructura estatal y
daba apoyo al lado institucional de la sociedad, la magia servía a los deseos y
miedos más íntimos y personales de cada ciudadano; la magia era la religión
de las pequeñas cosas.
Por otra parte, la magia compartía muchas características con la
religión en la antigüedad clásica en cuanto a modos, prácticas y objetivos,