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Historia Digital
, XIX, 33, (2019). ISSN 1695-6214 © Sergio Fernández, 2019
P á g i n a
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obrerismo al que, por otro lado, nunca renunciará
” (Domínguez, 2016: 49-50).
En su artículo
Gli ultimi paradossi di Candido
(en
Il Tempo
, 1922) afirmaba
que:
"Las presuntas calamidades económicas, diplomáticas y
espirituales que Italia ha experimentado durante algunos años son
una magnífica señal de historicidad; no tienes que interpretarlas
como un síntoma de enfermedad, sino de poder real y efectivo. La
fuerza de un pueblo consiste en nunca desviarse de la propia
tradición, en permanecer siempre a la par con ella"
(Malaparte,
2003b: LXXXVII).
Tras un breve paso como Secretario general de los sindicatos en Italia
y en el extranjero, dejando como legado
L’Europa vivente: teoria storica del
sindacalismo nazionale
(1923), Malaparte se apartó para siempre de lo
institucional y volvió a su pasión periodística y su vocación polemista,
marcada siempre por su supuesta participación en el asesinato del diputado
socialista Giacomo Matteotti en 1924. Pretendiendo ser el jerarca de la
prensa fascista, fundó en 1924 el diario
La Conquista dello Stato,
influido por
Georges Sorel y Filippo Corridoni, apoyó incondicionalmente el Discurso del 3
de enero de 1925 en el que anunciaba la suspensión de las libertades
democráticas, y firmó el
Manifesto degli intellettuali fascisti
(Fresán 2013).
Malaparte se puso de parte del nuevo poder (Di Benedetto, 2014:130).
El fascismo de Malaparte partía del "
populismo reivindicativo
" de una
nueva nación construida desde el heroísmo de los soldados de la guerra (de
los hermanos de armas en Caporetto), del patriotismo burgués de Mazzini
(republicano y laico) y de la regeneración político-social de la
Italia Barbara
(1925); ensayo donde firmó por primera vez como Curzio Malaparte (tomando
como referente el panfleto del siglo XIX
I Malaparte e i Bonaparte),
señalando