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Historia Digital
, XIX, 33, (2019). ISSN 1695-6214 © Sergio Fernández, 2019
P á g i n a
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comedia humana de monstruos como Hans Frank o Ante Pavelić. Criticada
por Roma e insertada en el
Index Librorum Prohibitorum
vaticano, esta
crónica cruel surgía como el retrato irónico y realista de esos germanos
inevitablemente derrotados (y de sus víctimas humilladas), que entre las
penurias en la batalla y la magia de lo que parecía imposible a los ojos
humanos:
"tienen miedo a todo y de todo, y destruyen por miedo. No es
que teman a la muerte: ningún alemán, hombre, mujer, anciano o
niño, teme a la muerte. Y tampoco es que tengan miedo a sufrir. En
cierto sentido podría decirse que aman el dolor. Pero tienen miedo
de todo lo que está vivo aparte de ellos y también de lo que es
diferente. Sufren un mal misterioso. Tienen miedo sobre todo de los
seres débiles, de los indefensos, de los enfermos, de las mujeres y
de los niños... Matan a los indefensos, ahorcan a los judíos en los
árboles de las plazas de los pueblos, los queman vivos en sus
casas, como ratones, fusilan a los campesinos y a los obreros. Los
he visto reír, comer y dormir a la sombra de los cadáveres colgados
de las ramas de los árboles
" (Malaparte, 1983).
La Piel
de Europa se sentía en el sur de Italia. El terror daba paso a la
vergüenza en una novela que hizo de Malaparte un europeísta en busca de la
reconciliación desde un cinismo irónico que le equiparaba al mismo Truman
Capote, y una apelación a que los vencidos podrían renacer como futuros
vencedores: "
el hombre es una cosa innoble. No hay espectáculo más triste,
más repugnante que un hombre, que un pueblo en su triunfo. Pero un
hombre, un pueblo vencido, humillado, reducido a un montón de carne
podrida, ¿hay algo más bello, más noble en el mundo?"
(Malaparte, 2003a:
398). Obra tan cruel como inmortal que no se llamó "
La Peste
" por culpa del