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Historia Digital
, XIX, 33, (2019). ISSN 1695-6214 © Sergio Fernández, 2019
P á g i n a
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correcto de nuestro pasado, pero que quizás refleja la razón maquiavélica de
todo tiempo histórico, de su época con pactos contra-natura como el Acuerdo
Ribbentrop-Molotov o víctimas inevitables para alcanzar la paz en las
atomizadas Hiroshima y Nagasaki.
Como aprendió de Lord Byron, uno de sus grandes mitos, odiaba la
decadencia y a los decadentes, y nunca quiso ser uno de ellos, mintiendo de
manera continua como atestiguaron sus biógrafos Guerri (1980) y Serra
(2012). Así reescribió continuamente su historia y la historia de su tiempo, en
busca de ser héroe, famoso, importante; por ello sus novelas fueron casi
autobiográficas, con él de pretendido protagonista, vencedor o vencido; sus
militancia polémicas y cambiantes; sus amigos santos y demonios.
Posiblemente Malaparte fue otro más de los hombres, de los intelectuales de
este tiempo, de un momento ya globalizado, que buscaron ser héroes o
líderes, en el seno de la nueva masa rebelada de aspirantes a clases
redentoras urbanas, medias o proletarias (Ortega
dixit
); los "hijos" de la
terrorífica Primera Guerra mundial (Jünger, Céline, Cendrars), los
protagonistas de una de las claves, para Pubill (2017: 198):
"de la crisis europea de los primeros treinta años del siglo XX:
la circulación de personajes relevantes por diversas culturas
políticas, en ocasiones de signo contradictorio, sin que por ello
pueda hablarse exactamente de mero transformismo, conversiones
mercenarias o adaptación oportunista a las condiciones de una
mejor promoción personal".
Hombres que querían borrar, para ello, el pasado de un país que no
siempre les dio la fama prometida o el ascenso soñado (Forti, 2015b: 2-3),
sumándose a movimientos que apelaban a superar radicalmente la
"
decadencia de Occidente
" (popularizada por Spengler) en sus pueblos y sus