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Historia Digital
, XIX, 33, (2019). ISSN 1695-6214 © Sergio Fernández, 2019
P á g i n a
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vidas, y sobre todo apostando, elucubrando, diseñado formas alternativas y
opuestas al sistema democrático liberal y capitalista vigente que
consideraban corrompido, tanto a la derecha como a la izquierda del
supuesto espectro ideológico. Y Malaparte buscó en ambos espectros, como
Spirito, Sorel, La Rochelle o Manoilescu (e incluso Mussolini), el medio para
ser el protagonista de ese lado incorrecto de la Historia, en su caso como
pretendida gran estrella mediática para los unos y para los otros (Fernández
Riquelme, 2009: 208).
Pronto quiso ser un héroe.
Alemán de origen (por parte de su padre, Erwin Suckert) e italiano de
alma (por su madre, Edda Perelli), el joven Kurt se graduó en el prestigioso
Collegio Classico Cicognini de Prato (su ciudad natal) tras su infancia en una
“familia obrera” (como subrayó en su posterior militancia comunista). Años de
amplia formación clásica con especial predilección por Bocaccio y Sachetti,
precoz lectura marcada por los textos de Gabriele D'Annunzio (Guerri, 1999),
e interés político con simpatías declaradas por el anarquismo y el masón
Partido Republicano italiano, participando incluso en los disturbios de la
llamada Semana roja. Años después esgrimiría que:
“siempre he sido republicano. Criado en un entorno
trabajador, entre artesanos y trabajadores mazzinianos, no podía no
ser un republicano. [...] Esta vida en el pueblo y para el pueblo ha
sido uno de los elementos fundamentales de mi educación moral e
intelectual. [...] Aunque profundamente diferenciado del Partido
socialista, incluso los republicanos éramos una parte viva de las
luchas sociales y económicas del pueblo y esta participación es el
recuerdo más fuerte para mí de la "semana roja" de junio de 1914.
[...] [Cuando] la "semana roja" había terminado, y después de un útil