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Historia Digital
, XIX, 33, (2019). ISSN 1695-6214 © Ángel Santos, 2019
P á g i n a
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El primer cuarto del siglo fue ocupado casi por completo por las
minoridades reales (la de Fernando IV y Alfonso XI). Fue un período convulso
que aprovecharon los poderosos para acumular mayor poder y riqueza. Tanto
es así que se produjo una reacción de las masas populares, que llegaron a
organizar en 1315 una Hermandad General en las Cortes de Burgos para
protegerse.
Sucesor de Alfonso XI fue su hijo Pedro I (1350-1369). Unos verán en
él un monstruo, un ser sin escrúpulos, por lo que le pondrán el apelativo de
“el Cruel”; mas otros le consideraron un hombre de justicia, implacable, pero
que obraba con rectitud, por lo que le darán por sobrenombre “el Justiciero”.
La dificultad económica obligó a los reyes a iniciar una evolución fiscal,
imponiendo impuestos indirectos al comercio y a crear monopolios (alcabala,
aduanas, almojarifazgos, diezmos marítimos...). Como este sistema
recaudatorio les proporcionaba mayores ingresos que los votados por las
Cortes, Alfonso XI y Pedro I protegieron activamente a los comerciantes
ya
que se dieron cuenta de las posibilidades económicas que les ofrecía la
burguesía de las ciudades
, a la vez que reorganizaban el sistema con la
profesionalidad de tesoreros, contadores, administradores y otros oficiales.
Buscaron las personas más aptas para estos cargos, de ahí que entrasen a
formar parte del aparato administrativo real los judíos, los cuales alcanzarán
gran poder económico y político y se dedicarán al préstamo, con lo que
muchos bienes nobiliarios pasaron a sus manos. Esta política trajo como
consecuencia el que la nobleza, alto clero y Órdenes Militares se colocaran
frente al monarca pues, según sus intereses de clase, su política los
perjudicaba. Al surgir el inevitable choque Pedro I recurrió a la eliminación de
sus enemigos, la confiscación de sus bienes y la imposición de tributos. La
guerra civil subsiguiente resultó ineludible. La nobleza y el alto clero buscaron