Página 26 - Historia Digital

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Historia Digital
, XIX, 33, (2019). ISSN 1695-6214 © Ángel Santos, 2019
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represivas, los encarcelamientos, los fusilamientos, a lo que se unía la
escasez y carestía de las alimentos, produjeron una explosión de protesta
popular con una espiral de violencia en las ciudades e insurrecciones
campesinas (manifestaciones, huelgas, barricadas).
Las jornadas revolucionarias llevadas a efecto por el pueblo armado se
cimentaban en la Milicia nacional, organismo que había sido asimismo con
anterioridad el arma de fuerza de la burguesía en su lucha contra el
feudalismo. Este cuerpo democrático que aglutinaba a los diversos grupos
sociales que luchaban por el cambio político, social y económico, cuyos
empleos de jefes y oficiales eran elegidos por votación popular y que era la
fuerza ciudadana bajo el mando del alcalde del municipio correspondiente, ya
no le servía a la burguesía como tal, pues no podía controlarlo ya que
sobrepasaban en sus aspiraciones democráticas las ambiciones ya
conseguidas por el orden burgués.
Diversos motines por diversas causas protagonizó la Milicia nacional
entre 1842 y 1843, cuestionando el orden impuesto por los nuevos
potentados surgidos de la desamortización. Ante este panorama los
moderados tomaron la resolución de disolver la Milicia nacional y crear en su
lugar un nuevo cuerpo policial represivo, fundamentado en sus intereses y su
provecho: la Guardia Civil. Este instituto armado, debía ser garantía del orden
establecido y fue creado por los decretos de 28 de marzo y de 12 de abril de
1844. Su primer jefe fue un militar aristócrata, el duque de Ahumada y contó
en un principio con 5.868 hombres.