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, XIX, 33, (2019). ISSN 1695-6214 © Ángel Santos, 2019
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pronto fueron copados por el partido bolchevique, quien se hizo con todo el
poder el 7 de noviembre, apoyado por la mayoría de la población.
Al poco de la toma del poder, el primer gobierno soviético, liderado por
Lenin, intentó hacer la paz, que sólo logró con Alemania, con la que firmó el
Tratado de Brest-Litovsk en marzo de 1918 a costa de grandes cesiones
territoriales y enormes pérdidas económicas. Esto no quiere decir que Lenin
renunciara a su idea de revolución mundial, sino que sólo se vio impelido a
firmar este tratado bilateral obligado por la fuerza de los acontecimientos.
El año 1919 fue un año de grandes esperanzas soviéticas en la
consecución de su propósito de revolución mundial. Inmersa como estaba
Rusia en una guerra civil, se creó en Moscú el 2 de marzo, bajo la forma de la
III Internacional Comunista, un instrumento para conseguir la victoria de la
revolución mundial, una organización con la pretensión de combinar las
diferentes secciones nacionales para la conquista del poder en Europa, mas
la previsión de Sinoviev (primer presidente de la misma) de que en el plazo
de una año Europa sería comunista no se vio cumplida. Por el contrario,
pronto se dieron cuenta de que era imprescindible primero copiar del
capitalismo la organización económica y para ello Lenin inventó el
“capitalismo estatal” que, bajo el control del régimen bolchevique, debía
conducir la recuperación que Rusia necesitaba para avanzar en el desarrollo
industrial, imprescindible para conseguir la liberalización de las fuerzas
productivas del país que, de acuerdo con Marx, debía preceder al socialismo.
En su primer congreso se aprobaron las bases o principios que
sustentaban la idea de revolución mundial: se afirmó la necesidad que la
validaba; la importancia, como ejemplo mundial, de la experiencia rusa y la
“dictadura del proletariado”.