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Historia Digital
, XIX, 33, (2019). ISSN 1695-6214 © Ángel Santos, 2019
P á g i n a
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debilitada, desarmada, privada de su integridad territorial y castigada con una
fuerte penalidad como compensación a los graves daños causados. No se
fiaban de los alemanes. Inglaterra, con Lloyd George, como primer ministro
británico, deseaba una suavización de las medidas y postulaba convencer a
Alemania de que aceptase voluntariamente la situación posbélica, aunque
siempre tratando de aprovechar la victoria a favor de los intereses británicos,
en especial los indemnizadores y presentarse ante la opinión pública inglesa
como garante de que Alemania iba a ser tratada con especial dureza. Tres
eran las razones que le impulsaban a esta medida moderada: convertirla en
un país pacífico; hacer de ella una nación próspera que cooperase a la
riqueza de Europa y evitar que cayese en poder de los comunistas
bolcheviques. Wilson, presidente de los Estados Unidos, era el más idealista
y trató de imponer cordura y moderación en las cláusulas impositivas a
Alemania. Su postura era difícil, ya que se encontraba entre el resentimiento y
deseo de revancha de los franceses y la actitud egoísta de Lloyd George.
Diversas son las cuestiones que intentaba resolver el Tratado de
Versalles (otra cuestión es que no lo consiguiera, como lo demuestran los
acontecimientos posteriores): reparaciones de guerra; fronteras estables de
Alemania; desarme alemán; la suerte de las colonias alemanas.
A Alemania se le impusieron unas duras condiciones económicas
como responsable de los daños ocasionados con su actuación agresiva: en
principio debía pagar 1.000 millones de francos antes del 15 de enero de
1921. A partir de esa fecha se le impondrían otras indemnizaciones, de
acuerdo con las posibilidades de la economía alemana, pagaderas en treinta
años. Para hacer efectivo el pago, los aliados la obligaron a ceder todos los
barcos mercantes de más de 1.600 tm., partidas de carbón, ganado y
productos químicos.